TRES SAGAS CINEMATOGRÁFICAS DE ACCIÓN QUE MERECEN LA PENA

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Hoy quiero acercaros tres sagas cinematográficas de acción que merecen la pena para pasar un rato divertido.

En el caso de las sagas de las que se va a hablar hoy, las he elegido, en base a que suelen hacerme pasar un buen rato cuando las veo (tanto en el cine como en la televisión), ayudándome a desconectar un rato

Por ello, espero que os animéis a empezar a verlas y que si lo hacéis paséis un muy buen rato

MISSION: IMPOSIBLE

Un espía aglutinará junto a él a varios grupos de compañeros para salvar el mundo de diferentes amenazas.

Compuesta actualmente de seis películas (la última entrega estrenada en el verano de 2018, de ella hablaremos un poco más dentro de unos días en el repaso de lo mejor del año) protagonizadas por Tom Cruise, es cierto que las dos primeras entregas son, al menos en mi opinión, las más flojas de la saga, pero también lo es que a partir de la tercera ha mejorado todo mucho, teniendo en cuenta que son películas que lo único que buscan es entretener un rato al espectador.

FAST & FURIOUS

Saga centrada en el mundo de los coches y compuesta actualmente por siete películas, otras dos previstas para los próximos años 2020 y 2021y un spin – off para el 2023

Es cierto que con el tiempo se han ido haciendo cada vez más fantasiosas, pero también es cierto que suelen entretener bastante, o al menos lo suficiente para ayudar a desconectar un par de horas.

TRILOGÍA STAR TRECK (2009, 2013, 2016)

Reboot de la saga galáctica dirigida por J. J. Abrams (creador de la serie perdidos)

En este caso, insisto en lo que he comentado en los dos puntos anteriores.

En este punto, me gustaría decir que quizá la mejor película de la trilogía es Star Trek Beyond (2016), hasta el momento última entrega de la saga (según los rumores habría una cuarta película en camino para algún momento del futuro) y dentro de esta película querría destacar la actuación de Karl Urban (el señor de los anillos, Thor Ragnarok), ya que consigue destacar sobre otros personajes que en teoría tienen más protagonismo que él en la película.

CONCLUSIÓN:

En general las tres sagas que hemos elegido esta semana, las hemos incluido en el post más que nada porque son entretenidas, y ayudan a desconectar y a pasar un rato muy entretenido.

Espero que si leéis esto, os animéis a empezar a verlas y que si lo hacéis, os gusten y os diviertan un rato.

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TRES LIBROS PARA LEER EN NAVIDAD

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Como la navidad está cerca, os quiero recomendar tres libros cuya temática, de alguna manera, está relacionada con este periodo.

Como siempre, espero que os animéis a leerlos y que los disfrutéis mucho.

Empezamos

LA NAVIDAD CUANDO DEJAMOS DE SER NIÑOS (CHARLES DICKENS)

Colección de relatos publicados entre 1851 y 1853 en el número especial navideño de la revista Household Words, y publicados en español con motivo del bicentenario de Charles Dickens.

Este libro lo leí hace ya algunos años, y la verdad es que recuerdo que me gustó bastante en su momento, es verdad que tengo una relación un tanto extraña con la obra de Dickens, ya que si bien tiene algo que no me acaba de llenar, también es cierto que las obras que he leído de este autor, suelen gustarme y suelo leerlas enteras; en este aspecto no debemos olvidar que este autor hacía una descripción muy realista de la sociedad victoriana y que en sus obras solía ser muy crítico con las condiciones de vida de los más pobres, así como con la actitud de las clases más pudientes; no debemos olvidar que el autor antes de ser un reputado escritor, llevó una vida mísera y sabía perfectamente cómo era la vida de las clases trabajadoras de este periodo.

CARTAS DE PAPÁ NOEL (J. R. R. TOLKIEN)

Durante varios años, al llegar el mes de diciembre los hijos de J. R. R. Tolkien recibían un sobre con un sello del polo norte; dentro había una carta escrita con letra temblorosa y dibujos o bocetos y cuyo remitente era Papá Noel. En esas cartas, Papá Noel les contaba relatos de su vida en el polo norte.

En este caso, encontramos un volumen, que creo recordar, no es muy largo, a lo que habría que añadir, que las cartas están llenas de fantasía e imaginación, algo a lo que contribuyen tanto el que esté redactado en  tinta de diversos colores como los dibujos que acompañan

CUENTO DE NAVIDAD (CHARLES DICKENS)

La víspera de Navidad Ebenezer Scrooge, un anciano miserable y tacaño, recibirá la visita del espectro de Jacob Marley, su antiguo socio, quien le anunciará la visita de tres espectros que representan las navidades pasadas, presentes y futuras, quienes buscarán que cambie su actitud y aprenda a ser mejor persona y a disfrutar de la navidad.

En esta obra el autor, como ya se dijo en el primer punto, hace una crítica brutal de la sociedad victoriana de su época, para ello, toma como punto de partida al protagonista de la historia y a su empleado, a través de los cuales vemos como en muchos casos durante este periodo las clases trabajadoras llevaban una vida mísera cobrando sueldos extremadamente bajos, mientras que las clases altas llevaban una vida totalmente desahogada, en este libro en concreto, el autor propone intentar cambiar la mentalidad de las clases pudientes para que así ayudasen a cambiar las condiciones de vida de los trabajadores mediante la mejora de sus condiciones de trabajo (salarios, horas de trabajo, etcétera); esto se puede ver en la novela observando cómo es el protagonista al inicio de la obra y de su evolución a lo largo de la novela hasta ser una persona mejor

CONCLUSIÓN

Como siempre, espero que os animéis a leer estos libros y que, si lo hacéis, los disfrutéis mucho mientras los leéis, tanto si lo hacéis en navidad, como si lo hacéis en otra época del año.

Por último desearos Feliz Navidad.

TRES MUSICALES RECIENTES QUE MERECE LA PENA VER

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Hoy os traigo tres películas encuadradas en el género musical que merecen la pena ser vistas.

Espero que las tres recomendaciones os gusten, y que en el caso de que no las hayáis visto os animéis a verlas.

Empezamos

INTO THE WOODS (2014)

Remix en clave musical de varios cuentos clásicos de los hermanos Grimm.

Producida por Disney y protagonizada (entre otros) por Meril Streep (mamma mia), Emily Blunt (la chica del tren) y Chris Pine (star treck, wonder woman); presenta una visión diferente de diversos cuentos clásicos como la Cenicienta o Rapunzel, personalmente recomiendo verla, porque además de hacer pasar un buen rato, creo que el planteamiento es muy original mezclando cuentos de princesas con  cuentos de otros tipos, y haciendo que sus personajes interactúen entre ellos, sin que parezca forzado

ROCK OF AGES (LA ERA DEL ROCK 2012)

Ambientada a finales de la década de los 80 del siglo XX, cuenta los esfuerzos de varios jóvenes para alcanzar el estrellato, a la vez que una vieja gloria del rock busca mantenerse en la cumbre y los dueños de un bar luchan por mantenerlo abierto.

A este musical, creo recordar que en su momento la crítica se le echó encima y las críticas no fueron muy positivas, pero si debo decir, que a mi (y esto es mi opinión personal) me entretuvo mucho, a la vez que Tom Cruise suele ser un valor seguro en cuanto a entretenimiento, a todo esto creo que habría que añadir que la película no pretende nada más allá de entretener al espectador un par de horas.

EL GRAN SHOWMAN (THE GREATEST SHOWMAN 2017)

Ambientada en el Nueva York del siglo XIX, se centra en los esfuerzos de p. T. Barnum para lograr montar un espectáculo de circo y así poder dejar atrás una vida anodina y totalmente aburrida.

Protagonizada por Hugh Jackman (Xmen), Zack Efron (Cuando te encuentre, los vigilantes de la playa) y Michelle Williams (mi semana con Marilyn, Venom), es otro caso de musical cuya única pretensión es entretener al público haciéndole pasar un par de horas viendo un pequeño espectáculo.

CONCLUSIÓN

Estos musicales que he querido acercaros hoy, son tres películas que, como he dicho varias veces a lo  largo de la entrada, simplemente buscan entretener al espectador y hacerle pasar un rato entretenido, ayudándolo a desconectar.

NOS HAN NOMINADO

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Hola mis pequeños dragones,  hoy os traigo una entrada un poco diferente, nos han nominado a The Blogger Recognition Award, y como parte de la nominación me han pedido que haga una serie de cosas, así que voy a estructurar todo más o menos de la misma forma que lo hago con las reseñas literarias, es decir haciendo secciones.

Antes de comenzar, quería agradecer al blog bookstwins (enlace aquí) que me hayan nominado, chicas muchas gracias

Comenzamos.

SI ME NOMINAN, ¿QUÉ TENGO QUE HACER?

En este punto, os voy a contar que se pide hacer en caso de nominación.

Si os nomina alguien, tendréis que hacer lo siguiente:

  1. Escribir un post para dar a conocer la nominación.
  2. Manifestar nuestro agradecimiento al blog que nos nomina y enlazar nuestro post a su web.
  3. Escribir sobre cómo comenzó nuestro blog.
  4. Dar consejos a los nuevos bloggers.
  5. Nominar a 15 blogs de los que seamos seguidores y a los que queremos otorgar este reconocimiento. No se puede incluir al blog que nos haya nominado.
  6. Comentar en cada blog nominado que los has nombrado y proporcionar el enlace al post que has creado.

En este momento, los puntos 1 y 2 están ya o bien cumplidos o bien en marcha 🙂

COMIENZOS DE DRAGONVIOLETA87

En este punto hay poco que contar, el blog comenzó hace ya unos cuantos años como un proyecto para una asignatura de la carrera, luego estuve creo que cerca de un año sin escribir nada, para finalmente replantearlo en la dirección que llevo siguiendo todo este tiempo.

Como no tengo muy claro si en este punto hay que hablar o no del nombre del blog y su origen, voy a decir, que es un pequeño homenaje (terriblemente disimulado) a una de mis series favoritas de animación.

PEQUEÑO CONSEJO A LOS BLOGGERS

En este aspecto sólo tengo dos consejos:

  1. Seguid insistiendo en la escritura si realmente os gusta.
  2. Escribid sobre cosas que os gusten o que de alguna manera os llenen.

MIS NOMINACIONES

Aquí voy a juntar los puntos 5 y 6 (a quien nomino y el comentario sobre cada uno de los nominados) así que allá vamos:

  1. Generación papel por su entrada sobre el libro Penélope y las 12 criadas (enlace aquí), este blog se dedica principalmente a hablar de literatura, y en concreto esta entrada fue la que me llamó en su momento la atención sobre el libro
  2. Crónicas de Magrat por su entrada la magia del cine clásico (enlace aquí), este blog está dedicado a literatura, cine y series, recomiendo echarle un vistazo.
  3. Leer es vivir dos veces por su entrada una nueva dimensión del género negro: una novela adictiva (enlace aquí) este blog está dedicado a literatura, y en concreto esta entrada resulta de lo más interesante
  4. La bitácora del miedo por su entrada el fantasma de Julia, la novia italiana (enlace aquí), blog dedicado a temas de misterio y terror, muy recomendable
  5. Otakus treintañeras por su entrada animes de fantasía para escapar a un nuevo mundo (enlace aquí) este blog es muy recomendable si os gusta el manga y el anime
  6. El blog Mil y un viajes por el mundo por su entrada sobre la Ruta de Jack el destripador (enlace aquí) es un blog pensado para contar experiencias a lo largo de los viajes de los editores y así ayudar a otros a preparar sus visitas a diferentes sitios
  7. El blog de noctua nival por su entrada sobre la adaptación de las brujas de Roald Dahl (enlace aquí) centrado en literatura y cine, en el caso de esta entrada, la opinión coincide al 100% con lo que he oído sobre la adaptación del libro del escritor galés.
  8. El blog sí, soy gallego por su entrada arte urbano, espectaculares murales en Carballo (enlace aquí) blog especialmente centrado en dar a conocer la oferta cultural de la comunidad de Galicia, merece la pena ya que nos puede ayudar a la hora de planificar un viaje a Galicia.
  9. El blog del club pickwick por su entrada titulada el club Pickwick vuelve a Japón (enlace aquí), es el blog de un grupo de lectura de clásicos, por ello, el blog está dedicado a la literatura clásica, muy recomendable si os gusta leer
  10. El blog exprime historias, por su entrada dedicada a Beatriz Galindo, la latina (enlace aquí) ya que pone de relieve la biografía de una mujer extraordinaria que destacó en un periodo en el que esto no era posible
  11. El blog paraíso de libros perdido por su entrada el camino de las ánimas de Mireia Gimenez Higón (enlace aquí) ya que en este caso, nos acerca un libro aparentemente entretenido que no busca nada más allá de hacer pasar un buen rato
  12. El blog Musas en su tinta por su entrada París era una fiesta de Ernest Hemingway (enlace aquí), ya que esta entrada consigue que quieras empezar a leer el libro a la vez que lo enmarca en la época histórica y en el momento personal del autor
  13. El blog el principio del cuento por su entrada La amiga estupenda de Elena Ferrante (enlace aquí), ya que al igual que con otros, consigue que quieras leer el libro
  14. El blog el culto del anime por su entrada Top5 mejores endings de la temporada de otoño 2018 (enlace aquí), este blog, al igual que el de otakus treintañeras, es ideal si os gusta el anime
  15. El blog Región de Balutia por su entrada Halloween ¿importación o exportación?  (enlace aquí), este blog es bastante interesante ya que se centra en los aspectos comunes de una serie de áreas del sur de la península ibérica, en concreto, esta entrada habla de algunos ritos similares a Halloween en esa zona concreta de la península ibérica

En principio esto es todo por ahora, agradecer una vez más la nominación y decir que espero que os gusten los blogs que he nominado

TURISMO Y LITERATURA: PUNTOS LITERARIOS QUE MERECE LA PENA VISITAR PARTE II

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Hoy, tras las celebraciones de Halloween de este año y un par de entradas sobre animación, os traigo una segunda entrada sobre puntos literarios que merece la pena visitar, espero que os guste la selección que traigo hoy.

Comenzamos

CONVENTO DE SANTA INÉS (SEVILLA) Y MAESE PÉREZ EL ORGANISTA (GUSTAVO ADOLFO BEQUER)

Convento fundado en 1374 por María Coronel y situado en la calle sevillana Doña María Coronel; fue fundado después de que el marido de la fundadora cayera en desgracia en la corte de Pedro I el cruel.

Actualmente el convento es conocido, entre otras cosas, porque el escritor Gustavo Adolfo Bécquer situó en él parte de la acción de la leyenda Maese Pérez el organista, que a grandes rasgos cuenta como durante una misa navideña, el organista de la catedral de Sevilla va al templo para tocar el órgano durante la ceremonia pese a estar muy enfermo, tras la misa encontrarán al organista muerto sobre el órgano; transcurrido un año, la hija de maese Pérez ha entrado en religión, concretamente ha profesado en la orden de las clarisas (la rama femenina de los franciscanos), que es la orden que regenta el convento de Santa Inés, como se acercan las fiestas navideñas, la madre superiora quiere que se encargue de tocar el órgano de su difunto padre, pero la hija del organista se niega alegando que al ir a ensayar con él ha visto al fantasma de su difunto padre, hecho que desencadenará diversos prodigios en la ciudad de Sevilla

El citado convento está situado en la ya citada calle Doña María Coronel, cerca del centro de Sevilla, el único problema que tiene es que al ser un convento de monjas de clausura sólo se puede visitar la iglesia y el patio de entrada (el resto, no lo afirmo con un 100% de seguridad, pero sospecho que no se pude visitar), a pesar de lo cual, si sois golosos y os apetece, podéis comprar dulces de las monjas en el torno.

También os dejo el enlace a una entrada de un blog sobre Sevilla que habla de este convento: http://leyendasdesevilla.blogspot.com/2011/12/real-monasterio-de-santa-ines.html

HARROD’S, LA CATEDRAL DE SAINT PAUL, SAINT PANCRAS INTERNATIONAL STATION (LONDRES) Y NEVERWHERE (NEIL GAIMAN)

De Sevilla viajamos a Londres de la mano de Neil Gaiman para visitar Harrod’s, los exteriores de la catedral de Saint Paul y la estación internacional de Saint Pancras.

En el caso de esta novela seguimos a Richard Mahew quien llegará a Londres desde Escocia, para después de un par de años viviendo una vida estable pero aburrida y predecible se verá arrastrado a una aventura en los bajos fondos de Londres.

En el caso de esta novela, y como queda dicho en el título del apartado, vamos a parar en tres puntos de la capital de Reino Unido:

  1. Saint Pancras International Train Station: es la estación a la que llega el protagonista de la novela, situada junto a la estación de King’s Cross (visita obligada para los fans de las novelas protagonizadas por Harry Potter) y a la ubicación actual de la British Library, lo más destacado de esta estación de tren es que de ella sale el Eurostar que une Londres con Francia
  2. Harrod’s: situada cerca de Kensington es uno de los mayores exponentes del lujo que he conocido, creo que la visita merece la pena, ya que la sala egipcia que tiene es cuando menos curiosa
  3. Catedral de Saint Paul: cercana a la National Gallery y a Trafalgar Square, lo único que puedo decir es que sus exteriores son impresionantes

MONASTERIO DE VERUELA (ZARAGOZA) Y CARTAS DESDE MI CELDA (GUSTAVO ADOLFO BEQUER)

Monasterio cisterciense edificado en el siglo XIII y muy cercano a Vera de Moncayo, en él, el antes citado Gustavo Adolfo Bécquer se alojó durante una temporada buscando reponerse de la tuberculosis que padecía (y que más tarde acabaría con su vida) y desde el que redactó una serie de nueve cartas que se publicaron en el periódico madrileño el contemporáneo a lo largo de 1864 y en las que fue contando sus experiencias visitando los pueblos de los alrededores y diversas leyendas que circulaban por la zona.

Por lo que he podido averiguar, en la actualidad el monasterio puede visitarse y reservarse para celebrar eventos.

Al igual que con el convento de santa Inés de Sevilla, os dejo un enlace a un blog sobre el monasterio de Veruela: http://monasteriodeveruela.blogspot.com/

EL CASTILLO DE CORNATEL (LEÓN) Y EL SEÑOR DE BEMBIBRE (ENRIQUE GIL Y CARRASCO)

Construido entre los siglos IX y X sobre un castro cercano a las Médulas, fue elegido por el autor Enrique Gil y Carrasco como escenario de su novela el señor de Bembibre centrado en el señor feudal de Bembibre y sus dificultades para casarse con su amada.

El libro en sí no es gran cosa, pero creo que la visita el castillo de Cornatel si merece la pena, además según la web del ayuntamiento de Priaranza (enlace aquí), que es el pueblo al que pertenece el castillo en la actualidad, se organizan diversas actividades en el recinto a lo largo del año.

PEQUEÑA MENCIÓN: EL INSTITUTO LA SANTISIMA TRINIDAD DE BAEZA (JAÉN)

En este caso, el edificio lo vamos a unir a la figura del poeta Antonio Machado, ya que dio clase en este instituto entre 1912 y 1917, actualmente en el instituto tienen el aula amueblada tal y como estaba en ese periodo, salvo por el detalle de que el sitio en el que debería haber una tercera fila de pupitres, hay colocado un mueble donde se conservan diversos documentos relacionados con Machado.

El aula en fin de semana, que es cuando yo he ido, se puede visitar sin problemas.

CONCLUSIÓN

En esta segunda entrada, hemos incluido algunos puntos menos conocidos junto a otros que lo son más, esto no hace que sea menos interesante visitarlos.

Espero que esta entrada os anime a visitar estos puntos literarios, y que si lo hacéis os gusten

CINCO PELÍCULAS DE ANIMACIÓN MUY RECOMENDABLES PARTE II

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Hoy os traigo otras cinco películas de animación que merecen la pena.

Varias de las películas que vamos a mencionar son ideales para ver con niños, y especialmente para verlas a medida que se acerca Halloween ya que son películas que no son especialmente aterradoras

PESADILLA ANTES DE NAVIDAD (THE NIGHTMARE BEFORE CHRISTMAS 1993)

Jack, el rey de Halloween, descubrirá por casualidad la navidad, se enamorará de ella y tratará de adueñarse de ella dándole su particular punto de vista.

Esta película es muy original en el aspecto de que plantea que pasaría si se mezclasen varias fiestas totalmente diferentes, también cabe destacar que es una película muy entretenida tanto para niños como para adultos.

PARANORMAN (2012)

En una pequeña ciudad de Estados Unidos, Norman es un niño capaz de hablar con los muertos, incluyendo a su abuela y a varios fantasmas de su ciudad; desgraciadamente, casi nadie entre los que le rodean cree que su capacidad es genuina, por ello es relegado por su familia y ridiculizado y acosado por la mayoría de sus compañeros por sus habilidades aparentemente extrañas.

En este caso encontramos a un niño con poderes especiales al que nadie cree cuando habla de ello.

La película es muy entretenida y permite pasar un rato muy divertido, ya que muchas de las situaciones que presenta están pensadas para todos los públicos, es decir, que pese a la temática y a la estética un poco oscura que tiene la película es perfecta para  ser vista en familia.

LA NOVIA CADÁVER (THE CORPSE BRIDE 2005)

Basada en un cuento ruso, cuenta como un joven se casa por error con una chica que muere asesinada el día de su boda y es enterrada con su vestido de boda

Con esta película volvemos sobre la obra de Tim Burton, en ella encontramos muchos rasgos de la obra del director (por ejemplo una estética muy oscura o muy colorida o la combinación de ambas), en este caso mi impresión es que el director busca hacer una crítica a una sociedad que vive encorsetada en las normas sociales y en evitar dar que hablar.

FRANKENWEENIE (2012)

Basada en el corto homónimo de Tim Burton estrenado en los años ochenta, e indirectamente en la novela Frankenstein de Mary Shelley, cuenta la historia de Víctor Frankenstein quien buscará la manera de resucitar a su perro Sparky, después de que este muera en un accidente

Película muy interesante ya que presenta una vuelta de tuerca de la novela antes mencionada.

FIREWORKS (打ち上げ花火、下から見るか? 横から見るか!, 2016)

Nazuna está tritse porque la obligan a cambiar de escuela. La niña planea fugarse juntarse junto a su compañero Norimichhi, pero su madre los pilla y la arrastra a casa. Todo podría haber acabado ahí, pero el hallazgo de una misteriosa esfera luminosa abre un portal en el tiempo permitiendo que la historia tenga otro final…

Basada en una telenovela, es quizá la más adulta de todas, ya que mezcla el romance, con el drama y la ciencia ficción, y por ello no la recomendaría para verla con niños.

En este caso me gustaría decir que pese a que la película está bien y merece la pena ya que resulta entretenida, si creo que your name (producida por las mismas personas que ha hecho esta película y mencionada en la anterior entrada dedicada al cine de animación, enlace aquí) es bastante mejor, más que nada porque resulta más redonda que la presente fireworks.

CONCLUSIÓN:

Espero que os animéis a darle una oportunidad a estas películas y que las disfrutéis mientras las veis.

GUGURE! KOKKURI-SAN (繰繰れ! コックリさん)

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Kohina Ichimatsu invoca a Kokkuri-san, un fantasma de baja categoría, a Inugamy y a Shigaraki, quienes inicialmente y de diferentes maneras, buscarán atormentar a Kohina, para poco a poco irse preocupando por ella y sus problemas.

Hoy os traigo la serie anime Gugure! Kokkuri-san, una serie de la que oí hablar en un video sobre el juego del Kokkury-san mencionado en el título (este juego es una especie de versión japonesa de la ouija)

Tengo que reconocer que me llamó la atención y decidí empezar a verla por probar que tal, y la verdad es que en mi caso ha sido un acierto hacerlo, ya que me he reído mucho a lo largo de los 12 episodios que la componen.

Lo siguiente que me gustaría destacar, es que aunque la serie es una comedia (es evidente) toca algunos temas bastante sensibles como el acoso escolar en el caso de Kohina, no es que sea un acoso de insultos o de pegarle, pero es evidente por lo que cuentan en la serie que la niña sufre bullying.

Otra cosa a destacar, son las referencias a criaturas del folclore japonés que van apareciendo a lo largo de la serie, además de Kokkury, Inugamy y Shigaraki) y que en algunos casos buscarán atormentar a los habitantes de la casa de Kohina y en otros solicitar ayuda o algún beneficio para sí mismos.

Por último también me gustaría destacar la evolución de los personajes a lo largo de la serie, Kokkury inicialmente busca atormentar a Kohina, Shigaraki darse a la buena vida sin hacer nada e Inugamy buscará algo más que eso con Kohina, pero al final y cada uno a su manera, se preocuparán por los problemas cotidianos de la niña hasta formar una familia.

Por todo esto os recomiendo verla, además de por lo expuesto anteriormente del sentido del humor de la serie, así como los personajes estrambóticos que van apareciendo a lo largo de sus capítulos.

CINCO PELÍCULAS DE TERROR CON BASE REAL

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Este año, en la ya tradicional celebración de Halloween, vamos a hablar de cinco películas de terror que toman como base historias reales, entre ellas encontraremos muñecos malditos, casas encantadas y posesiones demoniacas.

Espero que disfrutéis leyendo estas historias, por ello feliz Halloween a todos.

Comenzamos

05 EXPEDIENTE WARREN (THE CONJURING, 2013)

En este primer caso tenemos que viajar a 1971, año en que Roger y Carolyn Perron se mudan con sus hijas a una granja colonial en Harrisville. Allí de forma inmediata comenzaron a experimentar eventos sobrenaturales, por lo que invitaron al matrimonio Warren a investigar (dando pie a lo que se cuenta en la película)

De todos los fenómenos y espíritus que se manifestaban (todos ellos de diferente forma: opacos, transparentes o en forma de niebla), el más escalofriante era la manifestación de un espíritu que acostumbraba a llamar a la puerta de la casa durante la noche despertando a la familia

Aunque sin duda  también cabría destacar a Bathsheba, una mujer que según la leyenda, en vida fue sospechosa de ser una bruja, según esa misma leyenda, esta mujer fue acusada de matar a un niño como ofrenda al maligno, esta señora vivió hasta 1885, cuando murió de vieja, cabe destacar que se dice que mientras ella vivió en la propiedad, hubo varias muertes misteriosas en la zona. Esta mujer según se cuenta era una de las apariciones más poderosas durante el periodo que los Perron habitaron en la granja, que quería echar a la madre de la propiedad para quedarse con el resto de la familia

Como ya se ha dicho un poco más arriba, debido a todos estos fenómenos, el matrimonio propietario de la casa acabó por llamar a los Warren, la diferencia entre la realidad y la ficción parece ser que radica en que en el caso real los Warren acabaron provocando más daño y no tuvieron éxito en liberar la casa de lo que allí había

Según lo que he podido averiguar, la familia, debido a problemas económicos que no vienen al caso, tuvo que permanecer en la casa varios años antes de irse y de ser exorcizados y liberados de las presencias que los acosaban.

La película se estrenó en 2014 y está protagonizada por Vera Farmiga y Patrick Wilson como el matrimonio Warren, y Lili Taylor y Ron Livingstone (hermanos de sangre) como el matrimonio Perron; la película en si es entretenida y la atmosfera es bastante agobiante debido a que mucha de la acción transcurre durante la noche o en zonas de la casa bastante oscuras, aunque personalmente creo que es una película que no da miedo como tal.

Para rematar, dejo aquí la ficha de la película en la web IMDB: http://www.imdb.com/title/tt1457767/

04 ANNABELLE (2014)

En este caso nos tenemos que remontar al año 1970 (un año antes al del caso anterior) En esa época Donna era una estudiante de la universidad de enfermería que compartía piso con Angie; como a Donna le gustaban las muñecas su madre le regaló una muñeca de trapo.

Donna puso la citada muñeca en su cama como decoración (al igual que hacemos muchas personas a día de hoy). El problema vino cuando unos días más tarde Donna y su compañera de piso se percataron de que cuando volvían a casa la muñeca había cambiado de posición y que incluso las puertas de las habitaciones se abrían o se cerraban solas. Hasta aquí todo relativamente normal, es a partir de que la muñeca lleve un mes en la casa cuando las cosas se empiezan a poner todavía más raras ya que las dos chicas empezaron a encontrar notas escritas con lápiz en papel de pergamino y con una caligrafía infantil que ponían ayuda o ayuda a Lou.

Un día al llegar a casa, Donna no encontró a la muñeca en el sitio donde la había dejado, cuando la encontró y se acercó a inspeccionarla, se llevó la desagradable sorpresa de que la muñeca tenía lo que parecían gotas de sangre en las manos y en el pecho. Para todo esto no había ninguna explicación lógica.

Muy asustadas Angie y Donna buscaron ayuda en expertos en fenómenos paranormales, uno de los cuales (un médium para ser más exactos) organizó una sesión de espiritismo, durante la cual el espíritu de Annabell Higgins entró en el cuerpo de Donna, según la historia que contó el espíritu, había sido una niña que había vivido en la propiedad en la que se encontraba el edificio donde vivían las dos jóvenes y que había aparecido misteriosamente muerta en el mismo lugar donde se encontraba la vivienda de las chicas. Esta sesión, sirvió para traer calma a Donna y a Angie y para que decidieran quedarse con la muñeca.

En este punto habría que mencionar a Lou, un amigo de las chicas que pasaba mucho tiempo con ellas y que desde el principio sintió aversión hacia Annabell, este chico fue también testigo y víctima de la muñeca ya que un día estando en casa de las chicas oyeron ruidos en la habitación de Donna, al ir a la habitación, esta estaba vacía salvo por la muñeca, cuando Lou entró y se dirigió hacia la muñeca sintió como si le siguieran y al girarse no había nadie, sintió dolor y una punzada en el pecho, al abrirse la camisa tenía desgarros y marcas que se ueron curando casi milagrosamente.

Después de lo ocurrido a su amigo, las chicas decidieron ponerse en contacto con representantes de la iglesia para que les informaran de qué tipo de espíritu podía encontrarse en su casa. El caso llegó hasta Ed y Lorraine Warren que se interesaron por el suceso y lo investigaron.

El matrimonio Warren llegó a la conclusión de que la muñeca no estaba poseída pero que era manipulada por un espíritu, ya que en ocasiones estos se unen a lugares y objetos. Lo peligroso, según ellos, es que los espíritus utilizan a los muñecos como paso previo a poder acceder a un cuerpo humano, y que si las chicas hubieran tenido más tiempo con ellas a la muñeca alguien de la casa hubiera sufrido una posesión.

Actualmente la muñeca se encuentra en el museo del matrimonio Warren

En este caso las principales diferencias que existen entre la muñeca real y lo que sacan en la película centrada en la muñeca y la del apartado anterior, además de lo contado en los párrafos anteriores (y en el post en torno a los muñecos diabólicos que hice en 2017) radica en que la muñeca que presentan en el cine es una muñeca de porcelana, mientras que la muñeca real es una muñeca de trapo conocida como Raggedy Ann, creada en 1920, tuvo además de bastante éxito comercial como juguete, mucho éxito como personaje literario (los libros pueden encontrarse en la web del proyecto Guthemberg) y por lo que he podido averiguar también como personaje de dibujos animados.

Como dato curioso decir también que el inicio de la película específica de la muñeca, parece ser que nunca hubo posesiones de ningún tipo, salvo lo aquí relatado

En el caso de esta película tengo que reconocer que en el momento de redactar esto he hecho dos intentos de verla en la televisión y he tenido que quitarla a los pocos minutos de empezar porque me ha resultado infumable

03 HORROR EN AMITYVILLE (2005)

En este caso vamos a dividir la historia en dos partes:

LA FAMILIA DEFEO

La primera comienza en noviembre de 1974 cuando el hijo mayor del matrimonio dueño del inmueble tiroteó y mató a toda su familia (padres y cuatro hermanos) a las 3:15 de la mañana, el chico fue detenido y juzgado por esta masacre, cabe destacar que el hijo durante el juicio dijo que la casa le había hablado y le había obligado a matar a su familia

LA FAMILIA LUTZ

Un año después del tiroteo, el matrimonio Lutz y sus tres hijos se trasladaron a la casa en la que vivieron menos de un mes.

Al igual que en el caso de la película the conjuring los primeros hechos pasaron por golpes sin un origen claro, las puertas del embarcadero se abrían solas y el perro de la familia ladrándole al vacío, estos hechos fueron aumentando hasta llegar a aparecer varios entes, de los que cabría destacar a Jodie, que según los especialistas sería un demonio con forma de cerdo, que se manifestó en varias zonas de la casa (la habitación de la hija pequeña de la familia o el salón) y por último habría que destacar que la madre de la familia levitó varias veces.

Por último cabría destacar que también desapareció un dinero destinado a la boda de un familiar sin ninguna explicación aparente y que incluso llegó a aparecer un limo verde en las paredes, también sin ninguna explicación lógica aparente.

EXPLICACIONES LÓGICAS QUE SE HAN DADO PARA LOS HECHOS PARANORMALES:

Se cree que el joven que mató a su familia tuvo algún tipo de ayuda de la mafia para matar a su familia, y que posteriormente la mafia fue la que provocó los hechos paranormales, aun así parece ser que varias personas que trataron de investigar estos hechos

LA CASA EN LA ACTUALIDAD

La última noticia que he tenido de la casa es que, tras varios años en venta se vendió hace un tiempo

LA CASA EN EL CINE

Según lo que he podido ver en internet hay un total de 12 películas estrenadas entre 1979 y 2016, de esas yo personalmente destaco la de 2005, ya que es la única que he visto a día de hoy.

Como dato curioso, comentar que según cuentan Rian Reynolds, el actor protagonista de la película, durante el rodaje, se despertaba todos los días a la hora en la que Ronald Defeo mató a su familia.

02 LÍBRANOS DEL MAL (DELIVER US FROM EVIL, 2014)

En este caso, la película cuenta la historia del sargento Ralph Sarchie, más concretamente toma como base el libro cuidado con la noche (beware of the night) donde parece ser que se cuentan de forma bastante detallada varias posesiones de las que el autor fue testigo mientras acompañaba al sacerdote Joe Mendoza.

En este caso cabe destacar que la película sin llegar a ser una obra maestra del género es entretenida y permite llenar dos horas sin mayor problema.

01 EL EXORCISTA

En este caso la historia real se centra en un niño de 14 años comúnmente conocido como Robbie Mannheim que vivía en Maryland y que fue supuestamente poseído por un demonio en la década de 1940 y que fue recogido por el historiador Thomas B. Allen y la historia sólo se conoce a través de testigos que protegieron la identidad del niño protagonista

En este caso, parece ser que la actividad paranormal en la casa del chico comenzó con lo que se considera común en casos similares a este: misteriosos golpes en la noche así como otros incidentes menores como sonido de gotas, sonidos que posteriormente se convertirían en arañazos y pasos que la familia decía eran de ratas, pero que al ser buscadas por la casa, no aparecieron; esto se prolongó durante un tiempo sin que fuera a más.

Parece ser que el niño tenía una relación muy especial con una tía que era espiritista cristiana, y que enseñó al protagonista de la historia a usar el tablero ouja; un día la tía del niño murió trágicamente de camino a visitarlo, por ello Robbie siguiendo las enseñanzas de su tía utilizó el tablero para contactar con ella abriendo una puerta al inframundo y dejando salir de este a los demonios, en ese momento, la actividad en la casa de la familia Mannheim aumentó considerablemente pareciendo concentrarse y seguir a Robbie, quien protagonizó un incidente bastante raro en el colegio, cuando su pupitre se deslizó por el suelo violentamente golpeando a los alumnos que estaban cerca; a partir de este punto el comportamiento de Robbie cambió radicalmente y se volvió agresivo; por ello los padres buscaron una respuesta en la ciencia, pero al no encontrarla decidieron acudir a la iglesia

Esto derivó en que al niño se le practicaron diversos exorcismos que solo lograron empeorar la situación, hasta que un día apareció la palabra San Luis en el pecho del niño, por ello la familia se trasladó allí donde a Robbie se le realizaron varios exorcismos hasta que los curas responsables dijeron que todo había acabado

En este caso poco hay que decir sobre la película ya que es un clásico del género, además de que allá por el verano de 2010 hice un especial en torno al cine de terror y una de las películas seleccionadas fue el exorcista (enlace aquí), además en 2016 hablé del capítulo inicial de la serie (enlace aquí), y en algún punto entre ese especial y la serie creo que le dediqué una entrada al libro de William Peter Blatty

COMENTARIO Y CONSEJO PERSONAL SOBRE LAS PELÍCULAS:

En general, no recomendaría a nadie ver solo ninguna de las películas, ya que aunque muchas no dan miedo como tal, la mayoría resultan en algunos momentos bastante agobiantes (caso de expediente Warren) debido a la atmósfera, o en el caso del exorcista, que aunque no de miedo si trata un tema que personalmente creo que da bastante respeto, al margen de las creencias religiosas de cada uno, ya sé que a nadie nos da miedo este tipo de películas cuando estamos acompañados, pero no es lo mismo ver una de estas películas en amor y compañía que verlas en soledad

BIBLIOGRAFÍA:

EL GUARDAVÍA (CHARLES DICKENS)

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—¡Eh!, ¡ahí abajo!

Cuando oyó una voz llamándolo de esta manera, se encontraba junto a la puerta de la caseta, con un banderín enrollado sobre un palo corto que tenía en la mano. Se podría pensar, teniendo en cuenta la naturaleza del terreno, que no podía caberle la menor duda sobre de dónde procedía la voz; pero en lugar de mirar hacia arriba, donde yo me encontraba, en lo alto de un precipicio cortado a pico justo encima de su cabeza, se volvió y miró hacia las vías. Hubo algo especial en su manera de hacerlo, aunque no sabría definir exactamente qué. Pero sí sé que fue lo bastante extraño como para atraer mi atención, aun tratándose de una figura de espaldas y en la sombra en el fondo del profundo despeñadero, en tanto que yo estaba mucho más arriba, bañado por una brillante puesta de sol que me había obligado a darme sombra en los ojos con la mano antes de poder verle del todo.

—¡Eh!, ¡ahí abajo!

Después de haber mirado al fondo de las vías se volvió de nuevo y, al alzar los ojos, vio mi figura en lo alto, sobre él.

—¿Hay algún sendero por el que pueda bajar y hablar con usted?

Me miró sin responder, y yo le devolví la mirada sin volver a agobiarle demasiado pronto con una repetición de mi vana pregunta. Justo entonces se inició una pequeña vibración en el aire y en la tierra, que rápidamente se transformó en un violento latido, y una embestida repentina me lanzó hacia atrás con la suficiente fuerza como para haberme hecho pedazos. Cuando la nube de humo que me cubrió hubo pasado y el tren rápido se alejaba rumbo a la llanura, miré hacia abajo una vez más, y le vi enrollar nuevamente el banderín que había mostrado mientras pasaba el tren.

Repetí mi pregunta. Tras una pausa, durante la cual pareció mirarme con gran atención, señaló con su banderín enrollado hacia un punto a mi altura, a unas doscientas o trescientas yardas de distancia. Le grité:

—¡De acuerdo! —y me dirigí a aquel lugar.

Allí, a fuerza de mirar cuidadosamente a mi alrededor descubrí un tosco sendero en zig-zag tallado en la roca, que seguí.

El corte era muy profundo e inusualmente escarpado. Estaba tallado en una piedra viscosa, más húmeda y enlodada a medida que iba descendiendo. Por esta razón el camino se me hizo lo bastante largo como para tomarme el tiempo de recordar el singular aire de disgusto y repulsión con que me había señalado el sendero.

Cuando hube bajado por el descendente zig-zag lo suficiente y volví a verle, pude darme cuenta de que estaba de pie entre los rieles por los que el tren acababa de pasar, en ademán de estar esperando mi aparición: su mano izquierda en la barbilla y el codo puesto sobre la mano derecha, cruzada sobre el pecho. Su actitud era de tal expectación y cautela que me detuve un momento, extrañado.

Reanudé el descenso y, al llegar al nivel de las vías y acercarme a él, vi que era un hombre moreno, de barba oscura y cejas más bien espesas. Su puesto estaba en el lugar más solitario y lúgubre que yo haya visto jamás. A cada lado un muro de piedra dentada, rezumante de humedad, impedía cualquier visión que no fuese una estrecha franja de cielo; el horizonte, en una dirección, era tan sólo la prolongación oblicua de esta gran caverna. La corta perspectiva del lado opuesto terminaba con una sombría luz roja y la aún más sombría negra boca de un túnel, deprimente y amenazador. Eran tan pocos los rayos de sol que alguna vez llegaban hasta aquel lugar, que éste había adquirido un mortífero olor terroso, y un viento helado corría por allí con tanta fuerza que sentí un escalofrío, como si hubiera abandonado el mundo natural.

Antes de que se moviera ya me había acercado tanto a él que habría podido tocarlo. Ni siquiera entonces apartó sus ojos de los míos. Dio un paso hacia atrás y alzó la mano.

Le dije que ocupaba un lugar solitario y que había llamado mi atención cuando lo había visto desde allí arriba. Supuse que le parecería raro tener un visitante. Raro, pero esperaba que no mal recibido. En mí debía ver, simplemente, a un hombre que, tras haber pasado toda su vida recluido en estrechos límites y verse por fin libre, tenía un interés renovado por estas grandes obras humanas. Con tal intención le hablé. Estoy lejos de poder asegurar qué términos utilicé, porque, aparte de mi escasa habilidad para iniciar conversaciones, en aquel hombre había algo que me intimidaba.

Dirigió una mirada de lo más curiosa a la luz roja que estaba junto a la boca del túnel, observó todo aquello como si echara algo en falta, y después me miró a mí.

¿Estaba esa luz a su cargo?, ¿no lo estaba? Me contestó con voz profunda:

—¿No sabe que sí lo está?

Mientras examinaba sus ojos fijos y su rostro melancólico, una monstruosa idea cruzó por mi mente: que era un espíritu y no un hombre. He vuelto a meditar si cabría considerar la posibilidad de alguna enfermedad en su mente.

Retrocedí, y al hacerlo noté en sus ojos un oculto miedo hacia mí. Esto disipó mi monstruoso pensamiento.

—Me mira —le dije formando una sonrisa— como si me tuviese miedo.

—Estaba preguntándome —contestó— si no le había visto antes.

—¿Dónde?

Señaló hacia la luz roja que había estado observando.

—¿Allí? —dije.

Mirándome atentamente me respondió, aunque sin palabras, que sí.

—Mi querido amigo, ¿qué podía hacer yo allí? Sea como sea, nunca he estado ahí, puedo jurarlo.

—Creo que sí —replicó—. Sí, estoy seguro.

Su rostro se serenó, y también el mío. Contestó a mis observaciones con presteza y palabras bien escogidas. ¿Tenía mucho que hacer allí? Sí, es decir, tenía mucha responsabilidad, pero lo que se requería de él era exactitud y vigilancia. En lo que se refiere a trabajo propiamente dicho —trabajo manual—, no tenía apenas nada que hacer. Cambiar esta señal, ajustar aquellas luces y mover la palanca de hierro de cuando en cuando era toda su tarea en este terreno. Respecto a las largas y solitarias horas que tanto parecían importarme, sólo podía decirme que la rutina de su vida se había ido configurando de esa forma, y que ya estaba acostumbrado a ella. En este lugar había aprendido un lenguaje —si el mero hecho de conocer sus simbolismos y tener una idea rudimentaria de su pronunciación se puede llamar aprenderlo—. También había estudiado fracciones y decimales y había intentado acercarse al álgebra; pero, como le pasaba de niño, el cálculo seguía sin ser su fuerte. ¿Le obligaba el cumplimiento de su deber a permanecer en aquel canal de aire húmedo?, ¿nunca podía remontar los altos muros de piedra hasta la luz del sol? Claro que sí, eso dependía del tiempo y de las circunstancias. Según en qué condiciones, había menos que hacer en esta línea que en las otras, y lo mismo podía aplicarse a determinadas horas del día y de la noche. En días de buen tiempo, durante algún rato, abandonaba las sombras de allí abajo; pero como en cualquier momento podía su campanilla eléctrica reclamar su presencia, prestaba oído con doble ansiedad, y su satisfacción era mucho menor de lo que podía suponer.

Me llevó a su caseta, en la que había un fuego, un escritorio con un libro oficial en el que tenía que hacer algunas anotaciones, un aparato telegráfico, con su dial y sus agujas, y la campanilla de la que ya me había hablado. Cuando le dije que confiaba en que disculpara mi comentario, pero que pensaba que había tenido una buena educación, incluso (confiaba en que me permitiera decirlo sin ofenderle) quizá por encima de aquel puesto, me hizo observar que este tipo de rarezas no eran poco habituales en los colectivos humanos más vastos; tenía idea de que así ocurría en las cárceles, en el Cuerpo de Policía, incluso en lo que se considera el recurso más desesperado, la Armada; y que esto también sucedía, más o menos, en toda compañía ferroviaria de ciertas dimensiones. Cuando era joven había sido estudiante de Filosofía Natural (dudaba que yo le creyese, viéndole en aquella barraca; casi no lo creía él mismo) y había asistido a varios cursos; pero los había abandonado, desperdició sus oportunidades, se hundió y ya no volvió a levantarse nunca. No tenía queja alguna al respecto: había construido su lecho y en él yacía. Era, con mucho, demasiado tarde para pensar en otro.

Todo lo que he condensado aquí, lo contó él de una manera pausada, con su mirada grave y oscura que oscilaba entre el fuego y mi persona. Le dio por llamarme «señor» de cuando en cuando, especialmente si se refería a su juventud, como pidiéndome que comprendiese que no había pretendido ser más de lo que yo veía que era. Varias veces le interrumpió la campanilla, leyó mensajes y envió respuestas. En una ocasión tuvo que cruzar la puerta y desplegó su banderín mientras pasaba un tren, a la vez que le hacía algún comunicado verbal al conductor. Observé que en el cumplimiento de su trabajo era extremadamente exacto y vigilante, que interrumpía lo que estaba diciendo y que permanecía en silencio hasta que había terminado lo que tenía que hacer.

En pocas palabras, habría considerado a este hombre el más fiable de todos para desempeñar aquel puesto, de no haber sido porque, mientras me estaba hablando, en un par de ocasiones perdió el color, se volvió hacia la campanilla cuando ésta no había sonado, abrió la puerta de la casa (que permanecía cerrada para aislarnos de la insalubre humedad) y miró hacia la luz roja que se encontraba junto a la boca del túnel. En ambas ocasiones volvió al fuego con el mismo aire inexplicable que ya había observado en él, y que no sería capaz de definir encontrándonos a tanta distancia.

Le dije, cuando me puse en pie para irme:

—Casi me ha hecho pensar que he conocido a un hombre satisfecho. (Me temo, he de reconocer, que lo dije para hacerlo seguir hablando.)

—Creo que lo fui —replicó con la misma voz profunda con que había hablado al comienzo—, pero estoy turbado, señor, estoy turbado. Se habría retractado de sus palabras si hubiera podido. Pero las había dicho, y yo me agarré de ellas rápidamente:

—¿Por qué?, ¿cuál es su problema?

—Es muy difícil de explicar, señor. Es muy, muy difícil hablar de ello. Si vuelve a visitarme en otra ocasión, trataré de contárselo.

—Desde luego que tengo intención de hacerle otra visita. Dígame, ¿cuándo podría ser?

—Me voy al amanecer y volveré mañana a las diez de la noche, señor.

—Entonces vendré a las once.

Me dio las gracias y me acompañó hasta la puerta:

—Le alumbraré con mi linterna —dijo con su peculiar voz profunda— hasta que haya encontrado el camino de subida. Pero cuando lo encuentre ¡no me avise!, y cuando haya llegado a la cima ¡no me avise!

Su comportamiento hizo que el lugar me pareciera aún más frío, pero dije solamente:

—Muy bien.

—Y cuando vuelva mañana ¡no me avise! Déjeme preguntarle algo antes de que se vaya. ¿Qué le impulsó antes a gritar: «¡Eh!, ¡ahí abajo!»?

—No lo sé —dije—. ¿Es que grité algo así?

—No algo así, señor. Exactamente esas palabras. Lo sé muy bien.

—Admitamos que fueron exactamente esas palabras. Las dije, sin duda, porque lo vi a usted ahí abajo.

—¿Por ninguna otra razón?

—¿Qué otra razón podría tener?

—¿No tuvo la sensación de que le fuesen transmitidas de alguna manera sobrenatural?

—No.

Me deseó buenas noches y sostuvo en alto su linterna. Caminé entre las vías (con la desagradable sensación de que un tren venía tras de mí), hasta que encontré el sendero. Era más fácil la subida que el descenso, y llegué a mi posada sin otro contratiempo.

Puntual con mi cita, la noche siguiente puse el pie en la primera hendidura del zigzagueante camino cuando los relojes daban las once. Me esperaba allá en el fondo, con su linterna encendida.

—No le he avisado —dije, cuando estuvimos más cerca—. ¿Puedo hablar ahora?

—Por supuesto, señor.

—En ese caso, buenas noches, y aquí está mi mano.

—Buenas noches, señor. Aquí está la mía.

Tras esto, caminamos, uno al lado del otro, hasta la caseta; entramos, cerró la puerta y nos sentamos junto al fuego.

—Ya me he decidido, señor —comenzó inclinándose, en cuanto nos hubimos instalado, y habló en un tono que era poco más que un susurro—. No tendrá que preguntarme por segunda vez qué es lo que me turba. Anoche le tomé por otra persona. Lo que me turba es precisamente eso.

—¿Esa confusión?

—No. Esa otra persona.

—¿Quién es?

—No lo sé.

—¿Es como yo?

—No lo sé. Nunca he visto su cara. El brazo izquierdo le cubre el rostro y agita el derecho. Lo agita violentamente. Así.

Seguí sus indicaciones con la mirada, mientras movía un brazo como queriendo dar a entender con la mayor pasión y vehemencia: «Por el amor de Dios, despejen el camino».

—Una noche de luna llena —me dijo el hombre— estaba sentado aquí, cuando oí una voz que gritaba «¡Eh! ¡ahí abajo!» Me levanté de un salto, miré desde la puerta y vi a esa otra Persona junto a la luz roja que hay cerca de la boca del túnel, haciendo gestos como le acabo de enseñar. La voz parecía ronca de tanto gritar, y chillaba: «¡Cuidado!, ¡cuidado!», y de nuevo: «¡Eh, ahí abajo!, ¡cuidado!» Cogí mi linterna, la puse en rojo y corrí hacia la figura, gritándole: «¿Qué va mal?, ¿qué ha pasado?, ¿dónde?» Estaba de pie justo en la boca de la negrura del túnel. Me acerqué tanto a él que me pareció extraño que siguiera cubriéndose los ojos con el brazo. Corrí directamente hacia él, alargando la mano para coger su brazo, pero había desaparecido.

—Dentro del túnel —dije yo.

—No.

Recorrí el interior del túnel, unas quinientas yardas. Me detuve y, con la linterna sobre mi cabeza, vi las señales que miden las distancias, las manchas de humedad que penetran las paredes y gotean desde la bóveda. Salí corriendo, más rápido que cuando entré (es que aborrezco a muerte ese lugar), miré alrededor alumbrándome con mi propia luz roja, y subí por la escalera de hierro que lleva a la galería que hay justo encima, bajé y regresé corriendo aquí. Telegrafié en ambas direcciones: «Se ha recibido una alarma. ¿Algo va mal?» De las dos direcciones llegó la misma respuesta: «Todo bien».

Resistiéndome a la leve sensación de que un dedo helado rozaba mi espina dorsal, le expliqué que aquella figura había debido ser una mala pasada de su sentido visual, y que se sabía que tales figuras, originadas por desarreglos de los delicados nervios que administran las funciones del ojo, turbaban con frecuencia a enfermos, algunos de los cuales habían llegado a ser conscientes de la naturaleza de sus males e incluso la habían demostrado mediante experimentos con ellos mismos.

—En cuanto a un grito imaginario —añadí—, ¡escuche por un momento el viento de este extraño valle mientras hablamos tan bajo y los disparatados sonidos de arpa que arranca a los cables telegráficos!

Todo estaba muy bien, replicó, tras haber estado ambos escuchando durante un rato (y él debía saber bastante sobre el viento y los cables, ya que era quien pasaba largas noches de invierno ahí, solo y expectante). Pero me rogó que me diese cuenta de que no había terminado.

Le pedí perdón y, tocándome el brazo, añadió estas palabras:

—No habían pasado seis horas de la aparición, cuando se produjo el accidente de esta línea, ni habían pasado diez cuando los muertos y heridos fueron sacados a través del túnel por el lugar en el que había estado la figura.

Me recorrió un desagradable escalofrío. No podía negarse, repuse, que había sido una coincidencia notable, lo bastante profunda como para impresionar su mente. Pero no hay duda de que coincidencias tan notables ocurren de continuo y deben tenerse en consideración al tratar estos temas. Aunque, sin duda, debía admitir, añadí (viendo que estaba a punto de refutar mis objeciones), que las personas con sentido común no dejan mucho espacio para coincidencias en los cálculos ordinarios de la vida.

De nuevo me hizo saber que me diese cuenta de que no había terminado.

Y de nuevo le pedí perdón por mis involuntarias interrupciones.

—Esto —dijo, apoyando una vez más su mano en mi brazo y mirando por encima del hombro con ojos hundidos— fue exactamente hace un año. Pasaron seis o siete meses, y ya me había recuperado de la sorpresa e impresión, cuando una mañana, al romper el día, me encontraba junto a la puerta, miré hacia la luz roja y volví a ver al espectro.

Se detuvo mirándome fijamente.

—¿Gritó?

—No. Guardó silencio.

—¿Movía el brazo?

—No. Estaba apoyado contra el poste de la luz roja, con las dos manos cubriéndole el rostro. Así.

Una vez más observé su gesto. Y fue un gesto de dolor. He visto actitudes similares en las estatuas que se encuentran sobre algunas tumbas.

—¿Se acercó a él?

—No. Entré en mi caseta y me senté; en parte para ordenar mis pensamientos, en parte porque había quedado desfallecido. Cuando volví a salir a la puerta, la luz del día estaba sobre mí y el fantasma se había ido.

—Pero ¿no pasó nada más?, ¿no ocurrió algo después?

Me tocó el brazo con el dedo índice dos o tres veces, asintiendo lúgubremente con la cabeza.

—Ese mismo día, cuando un tren salía del túnel, advertí en una ventanilla que daba a mi lado algo que me pareció un amasijo de cabezas y manos y una especie de gesto. Vi aquello justo a tiempo para hacerle al conductor la señal de «¡Pare!» Cortó el circuito y puso el freno, pero el tren aún se deslizó ciento cincuenta yardas o más. Corrí tras él y, mientras lo hacía, oí unos llantos y gritos terribles. Una bella joven había muerto repentinamente en uno de los compartimentos y la trajeron aquí; yacía en este mismo suelo, aquí donde estamos nosotros.

Aparté mi silla involuntariamente, miré las tablas que señalaba y luego le miré a él.

—Cierto, señor, cierto. Se lo cuento tal y como sucedió.

No se me ocurrió nada que decir en ningún sentido, y se me había quedado la boca absolutamente seca. El viento y los cables prolongaban la historia en un largo lamento desolado.

Él retomó la palabra:

—Ahora, señor, fíjese en esto y juzgue hasta qué punto se halla turbado mi espíritu. El espectro volvió hace una semana. Desde entonces ha estado aquí, una y otra vez, a intervalos.

—¿Junto a la luz?

Junto a la luz de peligro.

—Y ¿qué diría que hace?

Repitió, aún con mayor pasión y vehemencia, si es que es posible, los anteriores gestos de «¡Por Dios, despejen la vía!»

—No tengo paz ni descanso. Me llama durante varios minutos seguidos, de una manera agonizante: «Ahí abajo, ¡cuidado!, ¡cuidado!» Se queda de pie, gesticulando, y hace sonar mi campanilla…

Me agarré de esto:

—¿Hizo sonar su campanilla anoche, mientras yo estaba aquí, y usted salió a la puerta?

—En dos ocasiones.

—Bien, observe —dije yo— cómo le engaña su imaginación. Tuve mis ojos clavados en la campanilla y mis oídos bien despiertos, y tan cierto como que estoy vivo, en aquellos momentosno sonó. No. Y tampoco lo hizo en ninguna otra ocasión, si exceptuamos cuando funcionó debido al curso normal del trabajo, al comunicar la estación con usted.

Movió la cabeza:

—No he tenido, aún, ninguna confusión a este respecto, señor. Nunca he confundido el sonido espectral de la campanilla con el humano. El sonido del fantasma es una extraña vibración de la campana, que no proviene de fenómeno alguno, y no he afirmado que la campana se mueva visiblemente. No me sorprende que usted no la haya oído. Pero yo sí la oí.

—¿Y le pareció ver al espectro allí, cuando salió a mirar?

Estaba allí.

—¿En ambas ocasiones?

Dijo firmemente:

—En ambas ocasiones.

—¿Quiere acercarse a la puerta conmigo y observar ahora?

Se mordió el labio inferior mostrando cierto desgano, pero se levantó. Abrí la puerta y me quedé en el escalón, mientras él permanecía en el umbral. Allí estaba la luz de peligro. Allí estaba la tenebrosa boca del túnel. Allí estaban los altos muros de piedra del precipicio. Allí estaban, sobre todo, las estrellas.

—¿Lo ve? —le pregunté, prestando especial atención a su rostro.

Tenía los ojos fijos y en tensión, pero quizá no mucho más que los míos cuando los dirigía impacientemente hacia el mismo punto.

—No —respondió—, no está ahí.

—De acuerdo —le dije.

Entramos de nuevo, cerramos la puerta y volvimos a nuestros asientos. Estaba pensando en la mejor forma de aprovechar esta ventaja, si es que se la podía considerar como tal, cuando él retomó el tema de una forma tan absolutamente natural, dando por supuesto que no podía haber entre nosotros serias divergencias respecto a los hechos, que me sentí en una situación de lo más impotente.

—A estas alturas, señor, ya habrá comprendido perfectamente —dijo— que lo que me angustia tan profundamente es lo siguiente: ¿qué quiere decirme el espectro?

Le contesté que no estaba seguro de haber comprendido perfectamente.

—¿Contra qué me previene? —dijo meditabundo, con sus ojos clavados en el fuego y volviéndose hacia mí sólo de vez en cuando—, ¿cuál es el peligro? Hay un peligro en el aire, flotando sobre algún lugar de la línea. Una horrible calamidad va a suceder. En esta ocasión no cabe la menor duda. Es una obsesión para mí. ¿Qué puedo hacer?

Sacó su pañuelo y se secó las gotas de sudor de su frente acalorada.

—Si telegrafío «peligro» en una dirección de la línea, o en ambas, no tengo prueba alguna que aportar —siguió, secándose las palmas de las manos—. Probablemente me meta en problemas y no obre bien. Podrían pensar que estoy loco. Tendría que actuar de esta manera: Mensaje: «Peligro. Tomen precauciones». Respuesta: «¿Qué peligro?, ¿dónde?» Mensaje: «No lo sé, pero por el amor de Dios, tomen precauciones». Me despedirían. ¿Qué otra cosa podrían hacer?

Era muy triste contemplar el tormento de su espíritu, la tortura mental de un hombre consciente, sometido a la angustia insoportable de una vida intrincada en una responsabilidad que escapaba a su inteligencia.

—Cuando apareció el espectro por primera vez junto a la luz roja —continuó echando hacia atrás su cabello oscuro y frotándose las sienes con las manos una y otra vez, en el extremo de una angustia febril—, ¿por qué no me dijo dónde sucedería el accidente, si tenía que suceder?, ¿por qué la segunda vez que vino ocultaba su rostro?, ¿por qué, en lugar de eso, no me dijo: «Ella va a morir. Que la dejen en casa».? Si en estas dos ocasiones vino tan sólo para demostrarme que sus advertencias eran ciertas y prepararme para esta tercera, ¿por qué no me avisa llanamente ahora? Y yo… ¡que el Señor me ayude! Un pobre guardavía en su solitaria estación, ¿por qué no he acudido a alguien digno de crédito y que pueda hacer algo?

Al verle en semejante estado me di cuenta de que, tanto para el bien del pobre hombre como para la seguridad pública, lo que tenía que hacer, de momento, era apaciguar su mente. Por lo tanto, dejé a un lado todas las cuestiones sobre la realidad o la irrealidad y le hice observar que si un hombre cumplía con su deber estrictamente, hacía bien, y que le quedaba la satisfacción de haber entendido lo que era su obligación, aunque no alcanzase a comprender el significado de esas confusas Apariciones. En este esfuerzo tuve un éxito mayor que en los intentos de hacerle desistir de sus convicciones. Empezó a calmarse, las ocupaciones propias de su puesto, como la noche anterior, comenzaron a requerir su atención por más tiempo, y le dejé a las dos de la madrugada. Le había ofrecido quedarme toda la noche, pero no quiso ni oír hablar de ello.

Me volví a mirar la luz roja según ascendía por el sendero; que no me gustaba la luz roja y que habría dormido francamente mal de encontrarse mi cama bajo ella, no voy a ocultarlo. Y no me gustaron las dos historias del accidente y la muerte de la chica. Tampoco veo razón para ocultarlo.

Pero lo que más ocupaba mi mente era la reflexión sobre cómo debía actuar, al haberme convertido en depositario de esas confidencias. Había comprobado que se trataba de un hombre inteligente, atento, trabajador y serio; pero ¿cuánto tiempo seguiría siéndolo en semejante estado mental? A pesar de ocupar un cargo de subordinado, tenía una importante responsabilidad; ¿confiaría yo (por ejemplo) mi propia vida a la posibilidad de que continuase desempeñándola con precisión?

Fui incapaz de vencer el sentimiento de que sería una especie de traición si comunicaba a sus superiores lo que me había contado, sin antes hablar francamente con él. Debía proponerle una solución intermedia: decidí ofrecerme para acompañarle (pero guardando, de momento, el secreto) al mejor médico que pudiésemos encontrar en la zona y recabar su opinión. Me había comunicado que la noche siguiente habría un cambio en el horario de trabajo: se marcharía una o dos horas antes del amanecer y volvería después de la puesta de sol. Yo había quedado en presentarme un poco más tarde.

Al día siguiente, el atardecer era espléndido y salí temprano para disfrutarlo. El sol aún no se había puesto cuando crucé el camino que bordeaba el precipicio. Alargaría el paseo una hora, me dije, media hora de ida y otra media de vuelta, y entonces habría llegado el momento de ir a la caseta del guardavía.

Antes de continuar mi caminata, me paré en el borde, y, mecánicamente, miré hacia abajo desde el mismo lugar desde el que le había visto por primera vez. No podría describir el estremecimiento que me recorrió cuando, junto a la boca del túnel, vi a una figura que se tapaba los ojos con el brazo izquierdo y hacía violentamente gestos con su mano derecha.

El horror innombrable que me oprimía pasó en un momento, en el instante mismo en que me di cuenta de que esa figura era, de hecho, un hombre y que, a poca distancia, se hallaba un pequeño grupo de personas, a quienes se dirigían los gestos que estaba haciendo. La luz de peligro no estaba todavía encendida. Junto al poste había sido construido, con madera y una lona, un pequeño armazón muy bajo, enteramente nuevo para mí. No parecía mayor que una cama.

Descendí por el sendero tan rápido como pude, con la irresistible sensación de que algo marchaba mal; me reprochaba haber dejado a aquel hombre allí, sin nadie que vigilara o corrigiese lo que hacía, ante el peligro de un desenlace fatal.

—¿Qué es lo que ocurre? —pregunté.

—El guardavía ha resultado muerto esta mañana, señor.

—¿El hombre que ocupaba esta caseta?

—Sí, señor.

—¿El hombre al que yo conocía?

—Lo reconocerá, señor, si le había visto —dijo el hombre que hablaba por los demás, descubriéndose la cabeza con solemnidad y levantando el extremo de la lona—. Su rostro está intacto.

—¡Oh! ¿Cómo ocurrió esto?, ¿cómo ocurrió? —pregunté, volviéndome de uno a otro, cuando hubieron cubierto de nuevo el cadáver.

—Lo atropelló una locomotora, señor. Ningún hombre en Inglaterra conocía mejor su trabajo. Pero algo no debía estar bien en la vía. Fue justo al amanecer. Había apagado la luz y llevaba su linterna cuando la máquina salió del túnel; él le daba la espalda, y lo atropelló. Este hombre la conducía y nos estaba explicando cómo sucedió. Explíqueselo al caballero, Tom.

El hombre, que vestía un traje tosco y oscuro, retrocedió hasta el lugar donde habíamos estado antes, junto a la boca del túnel:

—Después de tomar la curva del túnel, señor —dijo—, le descubrí al otro extremo, como si le viese por el tubo de un catalejo. No había tiempo de reducir la velocidad, y sabía que él era un hombre muy cuidadoso. Como no pareció hacer caso del pitido, quité la marcha cuando ya nos abalanzábamos sobre él y le grité tan fuerte como pude.

—¿Qué dijo usted?

—Dije: «¡Ahí abajo!, ¡cuidado!, ¡cuidado!, ¡por el amor de Dios, despejen la vía!»

Me sobresalté.

—¡Ay! Fue un rato horrible, señor. No paré de gritar. Me puse este brazo delante de los ojos, para no verlo, y agité el otro hasta el último momento, pero no sirvió de nada.

Para no prolongar el relato extendiéndome en alguna de sus circunstancias más que en otra, puedo, para terminar, señalar la coincidencia de que las advertencias del conductor de la locomotora incluían no sólo las palabras que el desafortunado guardavía me había repetido como su obsesión, sino también las palabras que yo mismo —y no él— había asociado, tan sólo en mi mente, a los gestos que había imitado.

LA AVENTURA DEL ENTERRADOR (JOSEPH SHERIDAN LE FANU)

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Los que se acuerdan del Chapelizod de hace un cuarto de siglo, o más, posiblemente recuerden al sepulturero de la parroquia. Bob Martin era muy temido por los jóvenes truhanes que los domingos correteaban por el cementerio para leer las lápidas, o jugar al salto de la rana sobre ellas, o trepar por la yedra buscando nidos de murciélagos o golondrinas, o escudriñar por la misteriosa abertura que había bajo la ventana del este, desde la que se abría una perspectiva sombría de escalones descendentes que se perdían en la oscuridad más profunda, donde los ataúdes sin tapa bostezaban horriblemente entre los jirones de terciopelo, los huesos y el polvo que habían esparcido allí el tiempo y la mortalidad. Bob era, desde luego, el terror y el azote especial de aquellos jóvenes terriblemente curiosos y emprendedores. Pero por horrible que resultara el aspecto oficial del sepulturero, y por mucho que se opusiera a cualquier idea de amable fragilidad su forma seca, cubierta con una vestimenta negra amarillenta, el rostro pequeño y frío, los suspicaces ojos grises y su envejecida peluca de color castaño, era cierto, sin embargo, que la moralidad grave de Bob Martin se adormecía a veces y que Baco no siempre le llamaba en vano.

Bob tenía una mente curiosa y almacenaba en su memoria abundantes «cuentos alegres» y relatos de terror. Por su profesión se había familiarizado con las tumbas y los duendes, y por su afición con las bodas, borracheras y todo tipo de alegres retozos. Y puesto que sus recuerdos personales se remontaban casi sesenta años en la perspectiva de la historia del pueblo, su fondo de anécdotas locales era copioso, preciso y edificante.

Como sus ingresos profesionales no eran en absoluto considerables, para permitirse sus aficiones se veía obligado con bastante frecuencia a poner en práctica algunas artes que, en el mejor de los casos, podrían calificarse de poco dignas.

Frecuentemente se invitaba él solo cuando los anfitriones se habían olvidado de hacerlo; se dejaba caer accidentalmente en los establecimientos públicos en los que algún grupo de conocidos se había reunido a beber, entreteniendo a sus amigos con historias, extrañas o terribles, sacadas de su reserva inagotable, no negándose jamás a aceptar el reconocimiento de aquellos en la forma de un ponche caliente de whisky o cualquier otra cosa que estuvieran tomando.

En aquel tiempo se hallaba establecido en un local situado casi en frente del viejo portazgo un melancólico cervecero llamado Philip Slaney. Por sí solo este hombre no se daba inmoderadamente a la bebida, pero como era por naturaleza de carácter triste y su espíritu necesitaba constantemente un estímulo, adquirió una prodigiosa afición a la compañía de Bob Martin. La relación con el sepulturero se fue convirtiendo de hecho en el solaz de su existencia, y en la fascinación por las historias maravillosas y las taimadas bromas del último parece ser que perdía su melancolía constitucional.

Dicha intimidad no redondeó en la prosperidad ni la fama de ninguno de ellos. Bob Martin bebía mucho más ponche del que era bueno para su salud o estaba de acuerdo con el carácter de un empleado de la iglesia. También Philip Slaney se veía atraído a similares indulgencias, pues era difícil resistirse a la seducción genial de su dotado compañero; y como se veía obligado a pagar por ambos, se pensaba que su bolsa sufría todavía más que su cabeza e hígado.

Sea como sea, Bob Martin cobró fama de haber convertido en un borracho al «negro Phil Slaney», pues con ese apodo se le conocía; y acusaban a Phil Slaney de haber convertido al sepulturero, si ello era posible, en alguien más juerguista todavía. Bajo estas circunstancias las cuentas del negocio situado junto al portazgo se volvieron algo irregulares; y una soporífera mañana de verano, en la que el tiempo era a la vez nuboso y sofocante, Phil Slaney entró en una pequeña habitación trasera, en la que guardaba los libros de contabilidad, y desde la que sólo se veía un muro a través de los sucios cristales de las ventanas, cerró la puerta, cogió una pistola cargada, introdujo el cañón en la boca y se saltó la tapa de los sesos.

Esta terrible catástrofe conmovió en extremo a Bob Martin. En parte por esa historia, y en parte también porque últimamente en varias ocasiones le habían encontrado por la noche en un estado de abstracción, al borde de la insensibilidad, en la calle principal, habían amenazado con despedirle; pero también, como dijeron algunos, en parte por la dificultad de encontrar a alguien que le «convidara» como el pobre Phil Slaney solía hacerlo, por algún tiempo abjuró del alcohol en todas sus combinaciones y se convirtió en un ejemplo eminente de moderación y sobriedad.

Bob observó sus buenas resoluciones con tolerable puntualidad para el consuelo de su esposa y la edificación de sus vecinos. Raramente se le veía achispado, y nunca borracho, por lo que fue recibido por la parte más importante de la sociedad con todos los honores del hijo pródigo.

Un año más tarde del triste acontecimiento que hemos mencionado sucedió que el sacerdote recibió por correo noticia de un funeral que había que celebrar en el cementerio de Chapelizod, con ciertas instrucciones respectivas al lugar que ocupaba la tumba, y mandó llamar a Bob Martin para comunicarle aquellos detalles oficiales.

Era una encapotada noche otoñal: abundantes nubes cárdenas de tormenta, tras levantarse lentamente de la tierra, habían cargado el cielo con un tormentoso toldo solemne y ominoso. A lo lejos, a través del aire quieto y apagado, se oía el quejido del distante trueno, y por así decirlo parecía como si toda la naturaleza se hubiera callado y acobardado bajo la influencia opresiva de la tempestad inminente.

Pasaban ya de las nueve cuando Bob, poniéndose su capa oficial negra y andrajosa, se disponía a asistir a su superior profesional.

—Bobby, querido —le dijo la esposa antes de entregarle el sombrero que tenía en las manos—. Seguro que no lo harás, Bobby, querido… que no harás… ya sabes qué.

—No sé qué —replicó el sacristán con viveza tratando de coger el sombrero.

—No echarás una cana al aire, Bobby, ¿verdad? —preguntó ella evitando darle el sombrero.

—Claro que no, ¿por qué iba a hacerlo, mujer? Venga, dame el sombrero, ¿quieres?

—¿Pero me lo prometes, Bobby, querido… no lo harás?

—Venga, venga, seguro que no… anda, dame el sombrero y me voy.

—Ay, pero no lo has prometido, Bobby, prenda mía; no lo has prometido.

—Bueno, que el diablo me lleve si bebo una gota antes de regresar —respondió el sepulturero coléricamente—. ¿Te vale eso? ¿Y me darás ahora mi sombrero?

—Aquí lo tienes, querido. Y que Dios te traiga sano y salvo de regreso.

Tras esta bendición de despedida, la mujer cerró la puerta y dejó de verle enseguida, pues estaba ya totalmente oscuro, y muy aliviada se dispuso a tejer hasta que él regresara; pues pensaba que últimamente había estado achispado con más frecuencia de la que convenía a su reforma, y tenía miedo del atractivo que pudieran ejercer sobre él la media docena de «locales» junto a los que tendría que pasar de camino al otro extremo de la ciudad.

Estaban todavía abiertos y exhalaban un delicioso vapor de whisky cuando Bob pasó lleno de ansiedad junto a ellos; pero apretó las manos dentro de los bolsillos y miró en otra dirección, silbando resueltamente y llenando la mente con la imagen del sacerdote y el pensamiento en sus próximos ingresos. Consiguió así mantener a salvo su moralidad gobernándola diestramente entre aquellos peligros y llegando a salvo al alojamiento del sacerdote.

Sin embargo, éste había tenido que atender la inesperada llamada de un enfermo y no se encontraba en su casa, por lo que Bob Martin tuvo que esperarle sentado en el salón, tamborileando los dedos sobre una mesa para distraerse hasta su regreso. El sacerdote, por desgracia, se retrasaba mucho, y debían haber dado ya las doce de la noche cuando Bob Martin decidió regresar a su casa. Para entonces la tormenta cerrada había vuelto la noche negra como la pez, se escuchaba el bramido del trueno entre los roquedales y las hondonadas de las montañas de Dublín, y el relámpago pálido y azul brillaba llamativamente en las fachadas de las casas.

Todas las puertas estaban ya cerradas; pero mientras Bob caminaba trabajosamente buscaba con la vista de forma mecánica el local que había pertenecido en otro tiempo a Phil Slaney. A través de las persianas y de los cristales situados encima de la puerta se filtraba una luz débil que formaba en la fachada de la casa una especie de halo apagado y neblinoso.

Como para entonces los ojos de Bob se habían acostumbrado ya a la oscuridad, esa débil luz le permitió ver a un hombre vestido con una especie de capa suelta de montar a caballo y sentado en un banco adosado a la parte inferior de la ventana. Llevaba el sombrero muy caído sobre los ojos y fumaba una larga pipa. Podía verse también junto a él, aunque oscuramente, el perfil de un vaso y de una botella de a litro; un caballo grande ensillado, débilmente discernible, aguardaba pacientemente mientras su amo se divertía.

Sin duda había algo extraño en la aparición de un viajero que se refrescara a esa hora en la calle; pero el sepulturero se lo explicó fácilmente suponiendo que, al cerrar el local para la noche, había sacado lo que le quedaba de la botella para disfrutarla allí, al fresco.

En otro momento Bob habría saludado al pasar al desconocido con un amigable «buenas noches», pero no se encontraba de humor ni tenía un estado de ánimo afable, por lo que iba a pasar junto a él sin la menor señal de cortesía cuando el desconocido, sin quitarse la pipa de la boca, levantó la botella y le llamó con ella de una manera familiar, al tiempo que con una sacudida de la cabeza y los hombros, y trasladándose a un extremo del banco, le invitaba por señas a que compartiera el asiento y su alegría. Se extendía por allí una fragancia divina a whisky y Bob casi se detuvo, pero recordando la promesa en el momento en que empezó a vacilar, dijo:

—No, señor, se lo agradezco. Esta noche no puedo detenerme. El desconocido siguió llamándole vehementemente por señas, indicándole el espacio vacío que tenía a su lado.

—Le agradezco su amable ofrecimiento —dijo Bob—, pero es que voy muy retrasado y no puedo perder tiempo, por lo que le deseo que pase una buena noche.

El viajero hizo resonar el vaso contra el cuello de la botella, como dando a entender que al menos podría beber un trago sin perder tiempo. Mentalmente Bob era de la misma opinión, pero, aunque la boca se le hacía agua, recordó la promesa, así que sacudió la cabeza con incorruptible resolución y siguió andando.

El desconocido, con la pipa en la boca, se levantó del banco llevando la botella en una mano y el vaso en la otra, y se puso a los talones del sacristán, siguiéndole a su vez su caballo pardo.

En esa inoportunidad había algo sospechoso e inexplicable.

Bob aceleró el paso, pero el desconocido le siguió de cerca. El sepulturero comenzó a sentir sospechas y se volvió. El perseguidor estaba detrás, y seguía invitándole con gestos impacientes a que probara su licor.

—Ya le dije antes que no lo probaría, y basta con eso —dijo Bob, sintiéndose al mismo tiempo colérico y asustado—. No tengo nada que decirle a usted ni a su botella; y en el nombre de Dios —añadió con mayor vehemencia, al observar que el perseguidor se acercaba todavía más—, vuelva atrás y no me atormente de este modo.

Pareció como si esas palabras irritaran al desconocido, pues agitó la botella ante Bob Martin en forma de violenta amenaza; aunque a pesar de ese gesto de desafío permitió que aumentara la distancia que les separaba. Bob vio, sin embargo, que aún le seguía de lejos, pues la pipa emanaba un extraño brillo rojizo que iluminaba oscuramente su figura como la atmósfera fantástica de un meteoro.

—Si dejas que el diablo lo consiga, muchacho —murmuró el excitado sepulturero—, sé muy bien adónde irás a parar.

La siguiente vez que miró por encima del hombro observó con espanto que el inoportuno desconocido le seguía más de cerca que nunca.

—Que el diablo te confunda —gritó el hombre haciéndose cruces, casi fuera de sí por el horror y la ira—. ¿Qué es lo que quieres de mí?

El desconocido pareció más confiado y siguió sacudiendo la cabeza y extendiendo hacia él el vaso y la botella mientras se acercaba; Bob Martin oyó bufar al caballo, como si le siguiera en la oscuridad.

—Guárdalo para ti, sea lo que sea, pues no traes ni gracia ni suerte —gritó Bob Martin helado por el terror—. Déjame en paz.

En vano buscó, entre la agitada confusión de sus ideas, una oración o un exorcismo. Aceleró el paso, convirtiéndolo casi en una carrera; estaba ya cerca de la puerta de su casa, junto a la orilla del río.

—Molly, por el amor de Dios, déjame entrar, déjame entrar… abre la puerta —gritó mientras corría hasta el umbral apoyando la espalda en la puerta. Su perseguidor, en el camino, se colocó frente a él; ya no llevaba la pipa en la boca, pero seguía rodeándole el oscuro brillo rojizo. Pronunció unos sonidos cavernosos e inarticulados, indescriptibles, como salidos de la garganta de un lobo, mientras parecía servirse un vaso de la botella.

El sacristán pateó la puerta con toda su fuerza mientras gritaba con voz desesperada.

—En el nombre de Dios todopoderoso, déjame en paz.

Furioso, el perseguidor arrojó a Bob Martin el contenido de la botella; pero de ésta, en lugar de un líquido, salió una corriente de llamas que se expandieron y giraron a su alrededor, envolviendo a ambos por un momento en una débil llamarada; en ese mismo instante un repentino golpe de viento se llevó el sombrero de la cabeza del extraño y el sepulturero vio que al cráneo le faltaba la parte superior. Permaneció un instante contemplando la abertura, negra y astillada, y cayó entonces, perdido el sentido, junto a la puerta de su casa que acababa de abrir la atemorizada esposa.

No es necesario que le dé al lector la clave de esta narración comprensible y auténtica. Todos reconocieron que el viajero había sido el espectro del suicida, convocado por el Maligno para que tentara al jovial sepulturero para que violara su promesa, cuando estaba sellada por una imprecación. De haberlo logrado, sin duda el oscuro corcel, que Bob había visto a la espera con la silla puesta, habría estado destinado a transportar una doble carga hasta su lugar de origen.

Atestiguando la realidad de la visita, el antiguo espino que colgaba por encima de la puerta apareció por la mañana quemado por los fuegos infernales que habían salido de la botella, como si un rayo lo hubiera abrasado.

La moraleja de la anterior historia resulta evidente ya en su superficie, y por así decirlo se explica a sí misma, circunstancia que obvia, felizmente, la necesidad de que lo analicemos. Despidámonos por tanto del honesto Bob Martin, quien duerme ahora reposadamente en el mismo solemne dormitorio en el que, durante su vida, tantas camas hizo para los demás, y pasemos a una leyenda de la Artillería Real Irlandesa, cuyo cuartel general estuvo durante mucho tiempo en la ciudad de Chapelizod. No quiero decir que no pueda contar otras muchas importantes historias, igualmente auténticas y maravillosas, relativas a esta antigua ciudad; pero posiblemente podría hacer algo semejante con otras localidades, llevando, tal como se sabe que hacía Anthony Paoplar, lo mismo que Atropos, unas tijeras con las que recortar todas las «exageraciones» que exceden de los límites razonables; pero considero que en general es más seguro poner fin a las tradiciones de Chapelizod con un relato más.

Permítame el lector, sin embargo, darle primero un nombre, pues un autor no puede entregar un relato sin un título, lo mismo que un farmacéutico no puede entregar su medicina sin una etiqueta. Por tanto, al relato le daremos el nombre de…