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Una extraña diligencia llegó cuando daban la media noche. Era el primer día del año y el centinela contó los viajeros: eran doce

El primero bien vestido debía ser una persona importante porque todos se volvían hacia él con esperanza; dijo llamarse Enero y salió corriendo ya que tenía mil cosas que hacer en todo el año.

El segundo sabía que tendría una vida breve, solo veintiocho días, y por eso qería aprovecharla. Su ruidosa alegría molestó a los guardias, pero él se volvió altaneramente:

-¿No me reconoceís? ¡ soy Febrero, principe todopoderoso del carnaval!

Don Marzo, el tercer pasajero, era delgado y lunático. El cuarto, Don Abril, señaló a Marzo un rayo de luna, pero era una broma, porque no había luna. Para alegrarles doña Mayolita, entonó una de sus alegres canciones.

Junio y Julio llevaban ropas veraniegas y su equipaje se reducía al traje de baño. La tía Agostita tenía una frutería y debía ser muy rica, le gustaban las excursiones pero estaba gorda y sudaba

El noveno pasajero el profesor Septiembre, era un pintor famoso por la forma en que pintaba las hojas; el décimo, el conde Octubre, lo sabía todo sobre agricultura, pero sus palabras no se oían por los estornudos de su vecino, Noviembre, un tipo gris, resfriado constantemente.

El abuelito Diciembre, último de los pasajeros llevaba el árbol que adornaría en Navidad con luces y regalos, tenía barba blanca y decía que era muy amio de Papá Noel.

El centinela despues de identificar a los pasajeros los saludó “¡Feliz año para todos, señores meses!”  Y los pasajeros continuaron su viaje hasta llegar al sitio que correspondía a cada uno.

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