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Aquel viejo estaba habitado por fantasmas y nadie sabía lo que ocurría en él, porque todos los que habían ido de noche al día siguiente no podían ni hablar de miedo. El molinero estaba desesperado porque la gente se apartaba a su paso y nadie quería trabajar para él

Por ello se puso muy contento cuando se le presentó un muchachote de aspecto ingenuo que ni siquiera tenía miedo

Aquella noche, al sentarse el joven en el banco, la puerta se abrió y avanzó hacia él una mesa con toda clase de manjares. Invisibles comensales empezaron a comer y el joven se les unió, sin asustarse porque los cubiertos se movieran solos. Poco después se apagó la luz y el joven sintió que le daban una bofetada

-Intentadlo y os la devuelvo-dijo

Cuando recibió la segunda bofetada, empezó a pegar él también. Así pasó toda la noche: golpe va, golpe viene. Desde entonces no volvió a pasar nada: Hasta los fantasmas tienen miedo de quien no tiene miedo, y habían preferido poner tierra de por medio

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