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Church estaba allí otra vez, como Louis Creed también deseaba. Porque su hijita Ellie le había encomendado que cuidara del gato, y Church había muerto atropellado. Louis lo había comprobado: el gato estaba muerto, incluso lo había enterrado más allá del cementerio de animales. Sin embargo, Church había regresado, y sus ojos eran más crueles y perversos que antes. Pero volvía a estar aquí y Ellie no lo lamentaría. Louis Creed sí lo lamentaría. Porque más allá del cementerio de animales, más allá de la paella de troncos que nadie se atrevía a trasponer, más allá de los cuarenta y cinco escalones, el maligno poder del antiguo cementerio indio que reclamaba con macabra avidez…

La verdad es que empecé a leer el libro con un poco de miedo, más que nada porque hace unos años ya había hecho un intento de leer a Stephen King, y no me había acabado de gustar. En esta ocasión, debo decir que el libro no ha estado mal, es decir, que quizá lo recomendaría como lectura mala para pasar un rato sin más, pero no para los que busquéis un gran libro. ¿El gran problema del libro? En mi opinión dos, que al empezar a leer, se busca  una novela de terror, y me diréis: “pero es Stephen King, el maestro de las novelas de terror” y yo respondo: si, mis niños, si, lo es, pero es que esta novela cuadra más dentro del suspense, y que si queréis pasar miedo leáis a Edgar Allan Poe, a Bram Stoker o a alguien por el estilo y por otro lado el final medio churro con el que termina la novel (si alguien quiere saber cómo termina que lo lea, que es lo suyo)

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