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Es una creencia común en Alemania que en las noches de San Andrés, Santo Tomás y las noches de Navidad y año nuevo, una joven tiene el poder de invitar y ver a su futuro amante. Se debe poner una mesa para dos personas, poniendo cuidado, sin embargo, de que no haya tenedores sobre ella. Lo que el amante deje atrás debe ser conservado, para que regrese a aquella que lo tiene, y la ame apasionadamente. El artículo debe, sin embargo, ser guardado y apartado cuidadosamente su vista, porque de lo contrario él recordará la tortura del poder sobrehumano ejercido sobre él, con el que peleó esa noche, será consciente del hechizo empleado, y podría tener consecuencias fatales.

Una doncella en Austria una vez, solicitó a medianoche, tras llevar a cabo el ceremonial necesario, obtener una visión de su amante, después de lo cual apareció un zapatero con una daga que le lanzó y desapareció. Ella recogió la daga que le había lanzado y la guardó en un baúl.

No mucho después, el zapatero visitó, la cortejo y se casó con ella. Algunos años después de la boda ella tuvo que ir un domingo sobre la hora de vísperas a buscar algo al baúl que necesitaba para el trabajo del día siguiente. En cuanto lo abrió, el marido se le acercó e insistió en mirar dentro. Ella lo parto, hasta que finalmente él la empujó, y allí encontró su daga perdida hacía tiempo. Él inmediatamente la cogió y le preguntó cómo la había obtenido, porque la había perdido en un momento muy determinado. En su miedo y alarma, ella no tuvo fuerzas para inventar ninguna excusa, así que contó la verdad, que era la misma daga el que había dejado atrás la misma noche en que lo obligó a aparecerse ante ella. En ese momento su marido se enfureció y dijo con una voz terrible:

–          ¿fuiste tú, entonces la que me causó aquella noche de terrible miseria?

Con ello, le clavó la daga en el corazón.

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